Os queremos plantear un pequeño ejercicio de auto evaluación que os puede ayudar con pequeñas acciones que pueden cambiar vuestra actitud en general.

El viernes pasado hablamos de si es correcta o no nuestra actitud en el trabajo, hablamos de qué actitudes tomamos o toman otros respecto a nosotros, y de como podemos solucionarlas para mejorar en algunos casos. En este artículo de hoy os queremos plantear un pequeño ejercicio de auto evaluación que os puede ayudar con pequeñas acciones que pueden cambiar vuestra actitud en general. Podemos tener problemas con los compañeros o no, podemos tener una actitud mala o no… es importante ver que este ejercicio se puede realizar desde cualquier posición y situación, y solamente trata de enfocar una acción desde una fortaleza y no desde algo que tenemos que mejorar.

Para el ejercicio, nos plantearemos qué hacemos bien, dónde están nuestras fortalezas. Partiremos de una pregunta en concreto que puede estar relacionada con nuestra función… como ejemplo, imaginaremos que somos responsables de un departamento de Atención al Cliente y podemos hacernos una pregunta con respecto a nuestra función. La pregunta podría ser…

¿Qué hago para que un cliente no anule un pedido cuando lo entregamos tarde? 

En primer lugar, una vez planteada la pregunta, escribimos en un papel qué acciones hacemos en concreto y una por una, en este caso, podría ser:

1. Estudio la situación antes de llamar

  • El pedido se ha retrasado en producción y mi cliente ha tenido que comprar de urgencia este material a otro proveedor con lo que realmente no lo necesita y, además, está enfadado.

2. Preparo un guión con todas las posibilidades por donde la conversación puede ir

  • El cliente puede estar un poco enfadado y quemado y hablarnos mal, hemos de estar preparados
  • El cliente puede no querer hablarnos o no entrar en razón, hemos de saber qué le diremos para romper ese muro

En este punto, lo más importante es identificar en qué situaciones y qué mensajes no deberíamos decir para que el cliente no nos cuelgue el teléfono sin darnos la oportunidad de dar la vuelta a lo que ha pasado.

3. Sonrío y llamo

  • Llamaré tantas veces como sea necesario (siempre teniendo en cuenta las buenas prácticas)…

Estos tres ejemplos nos muestran qué tipo de acciones podemos identificar, hay muchas otras, lo importante es pensarlas para poder escribirlas y entonces seremos capaces de actuar. Estas son nuestras fortalezas.

En segundo lugar, cuando tenemos estas acciones identificadas, pensaremos en algún momento en el que no hayamos podido solucionar algo, no tiene que ser en nuestro ámbito de responsabilidad laboral, puede ser algo diferente, por ejemplo, una situación personal en el trabajo, imaginemos una discusión con el responsable de logística por un pedido o por una entrega.

Una vez identificada la situación a mejorar, y partiendo desde lo que hemos trabajado, lo primero que plantearemos es qué pasó, intentaremos reconstruir mentalmente la situación para “verla” con claridad. ¿Y qué más?

En este punto, lo que haremos es empezar al revés, tenemos nuestras fortalezas, ¿las hemos contrastado con lo que pasó? Seguramente no…

Siguiendo el ejemplo anterior…

  • ¿Pensamos en la situación antes de hablar? ¿Conocíamos los detalles?
  • ¿Pensamos en alternativas constructivas?
  • ¿Sonreímos cuando hablamos con él?
  • ¿Le abordamos de cualquier manera en el sitio menos indicado?

Esto que parece obvio, puede ser crucial porque la actitud con la que cada uno habla en todo momento no contiene los mismos sentimientos que la actitud de los demás, y esa distorsión en la lectura de los sentimientos es lo que puede llevar a problemas de comunicación o de relación en el peor de los casos.

Para terminar, una vez identificadas las preguntas desde nuestras fortalezas, podemos ir más allá y pensar un modo de cambiar o de modificar lo que está pasando. En nuestro ejemplo puede ser:

Llamamos al responsable de logística y quedamos para comer o tomar un café cambiando el escenario y controlando el tiempo que tendremos. Lo ideal sería salir fuera del contexto de la oficina y tener como mínimo una hora y media por delante. En este punto, tenemos el control sobre cómo podemos iniciar este proceso “regenerador” de la relación mutua (tenemos el control del inicio pero no el control del final, eso depende de los dos y de la capacidad de sobreponerse a algo juntos), ¿qué podemos hacer?

Nuestra recomendación aquí es empezar explicando qué queremos de esta comida, que lo que buscamos es dar una explicación y que vemos que nuestra actitud ha podido ser negativa y esto hace que la relación se haya podido enfriar…

Este es un ejemplo de planteamiento, no siempre tiene que ser así ya que las situaciones cambian y pueden ser diferentes pero la idea que queremos transmitir en este momento es que no caben ni egos ni orgullos, solamente nuestra capacidad de auto evaluación y nuestra capacidad de aceptar y asumir lo que hayamos podido hacer mal.

A partir de aquí, ya no solamente depende de nosotros sino de los dos; pero seguramente este cambio de actitud en nosotros provocará un cambio en nuestro compañero que hará que cambie la situación bloqueada y podamos seguir por otro camino sin ningún problema.

¡Suerte!