alineado_cultura_organizativa

Nuestra conducta hacia una empresa u organización está caracterizada por las disposiciones que tenemos hacia nuestras propias tareas, la propia organización o nuestro responsable inmediato.

Desde que venimos al mundo y en nuestro desarrollo como personas, vamos impregnándonos de las condiciones sociales de las personas que conforman los sistemas en los que vamos participando (familia, compañeros de escuela, amigos, equipos de trabajo…). Mediante la percepción, vamos educándonos y aceptamos aquellas conductas con las que simpatizamos o que son el producto de las comunicaciones que adoptamos.

 La persistencia y permanencia de nuestras conductas se fortalece en función de las comunidades con las que nos relacionamos. En la mayoría de las ocasiones nos relacionamos con personas con las que tenemos una cierta simpatía o que sabemos que sienten por nosotros algún tipo de aprecio. Cuando dejamos de interactuar con las personas que son distintas a nosotros perdemos el poder de comparar nuestros comportamientos si lo que ambicionamos es integrarnos en esa comunidad.

Las emociones y los sentimientos marcan la pauta de nuestra conducta, percibimos la realidad a través de ellos, y procuramos que esta no contradiga nuestras experiencia previas.

Nuestra conducta hacia una empresa u organización está caracterizada por las disposiciones que tenemos hacia nuestras propias tareas, la propia organización o nuestro responsable inmediato. Hay tres conductas básicas que son nuestro nexo con el trabajo:

  •  la satisfacción o complacencia con el trabajo provoca que nuestra conducta sea apreciativa hacia la propia organización y hacia el propio quehacer diario dentro de ésta.
  •  el compromiso explica nuestro apego hacia el trabajo que desarrollamos. Ganamos confianza en nuestras capacidades, nos comprometemos de una forma dinámica y responsabilizamos por ser productivos.
  •  la contribución muestra nuestra afinidad con la organización, nuestro deseo de seguir en ella y sobre todo una simbiosis con las metas que pretendemos alcanzar.

Estas conductas son distintas y no tienen por qué convivir con nosotros, dependen de varios factores. Está claro que cuanto más incorporadas las tengamos estaremos más alienados con la cultura organizativa.

A pesar de que con los años, algunas conductas se encuentran bastante enraizadas en nuestro interior, se pueden modificar a través del Coaching o de otras metodologías propias del desarrollo organizativo (en próximos post profundizaremos en algunas de ellas).