Durante la historia no ha estado bien valorado el mostrar nuestra vertiente emocional en la mayoría de entornos en los que nos movemos (tanto los sociales como en los organizativos).

Desde nuestra infancia nuestros progenitores nos aleccionan para que obtengamos las mejores calificaciones porque de esta manera tendremos un futuro con ciertos triunfos garantizados. Esta proposición pedagógica ha provocado que en nuestra historia no esté bien valorado el mostrar nuestra vertiente emocional en la mayoría de sistemas en los que nos movemos (tanto en los entornos sociales como en los organizativos).

Cuando vamos caminando por la calle y de manera inesperada nos encontramos con un conocido que nos pregunta: ¿Cómo te va la vida? Nuestro primer pensamiento es destacar los éxitos consolidados en el ámbito profesional, raramente nos enfocamos en compartir aquello que nos incomoda o nuestro propio estado anímico… nos hallamos tan absortos en nuestra cota afectiva que ni tan sólo sabemos comunicar ni situar aquello que se está desarrollando en nuestro foro interno.

Todas estas afirmaciones nos han de hacer reflexionar sobre si hemos sido instruidos en la educación normativa o en la emocional.

Si nos ponemos a pensar lo que admiramos de algunos personajes históricos nos damos cuenta que destacan por su inteligencia, coraje, determinación… pero también cada vez más por aquellas habilidades de autoconocimiento que les han permitido conectar y relacionarse de forma efectiva con otros; competencias como la autoconfianza, el autocontrol, la adaptabilidad, el empowerment, la empatía, la gestión de conflictos… son pilares básicos de lo que Salovey y Mayer investigaron en los años 90 y que años más tarde Daniel Goleman popularizó de forma espectacular a través de sus libros.

Si todos estos conceptos nos resuenan y/o queremos incorporarlos en nuestra “mochila de recursos” para mejorar en nuestras relaciones personales y profesionales, tenemos un camino a recorrer, donde:

  • debemos ser fieles a nosotros mismos
  • solicitar feedback y feed-forward
  • aceptar nuestras limitaciones y áreas de mejora
  • “soltar” lo que ya no nos sirve
  • fortalecer ciertas habilidades
  • adquirir otras habilidades